8. ESPERANZA: INOCENCIA

[Titulo de la Imagen: The Girl Autor: Beatriz Martin Vidal]

Han pasado dos años desde que Esperanza fue adoptada por esta dulce pareja, que no podían concebir hijos, y un día irrumpió sin más en un convento antiguo que también fungía como orfanato. Ahora la pequeña Esperanza con tan solo 12 años de edad vive una vida muy cómoda, llena de amor, felicidad y comprensión; además es una niña muy inteligente y la más hermosa del vecindario.

Cuando logró ingresar a la escuela tan solo en unos pocos meses pudo nivelar sus estudios con los demás niños de su clase. Sus padres siempre estaban orgullos de ella, por ser la más inteligente de su salón. Esos dos años fueron los mejores de Esperanza, y también los mejores de esta pareja de casados. Lo mejor de todo es que ya nadie se acordaba de la terrible matanza que había sucedido dos años atrás en aquel viejo convento, que también fungía como orfanato.

[…]

La habitación de Esperanza era precioso, ahora predominaban los colores suaves y tiernos (En especial el rosa y el blanco), y ya no ese color soso del convento, ella se encargó de llenarlo de libros y adornos hechos por ella misma. Sus padres la amaban y ella retribuía ese amor, con más amor.

– Linda… Esperanza querida… es hora de desayunar – trataba su madre de despertarla dulcemente. Mientras pensaba: “Hay… otra vez se quedó dormida en el escritorio ¿Es que no se cansa de estudiar?”.

 – ¿Qué pasa mami? – responde bostezando la preciosa niña.

 – Amor… es hora de desayunar, y ya te dije que no quiero que duermas en ese escritorio, te hace mal para tu postura – le reprocha su madre.

– Está bien mami, trataré de dormir en mi cama esta noche. – le respondía esperanza con una tierna sonrisa, y eso le bastaba a su madre para que cambie su actitud.

– Está bien Esperanza… fingiré que te creo. – respondió la madre en tono sarcástico, mientras las dos rompían en risas.

 Fue cuando el padre llegó. – ¿Por qué las risas, mis amores? – Ambas se miraron en un sentido de complicidad madre e hija.

– No, por nada – respondieron al unisonó. Y volvieron a reír, esta vez los tres al mismo tiempo.

– Mami, voy a bañarme y ahora bajo, ¿Está bien? – preguntaba Esperanza.

– Si mi amor, te esperamos en la cocina – replicaba la madre orgullosa por tener una hija tan inteligente.

[…]

En la cocina la madre preparaba la mesa, mientras el padre leía su periódico. En eso la madre se para de golpe, y mira a su esposo – Amor, creo que debemos planear unas “mini-vacaciones”, nuestra pequeña Esperanza estudia demasiado, y creo que se merece un merecido descanso.

– No creo que el estudiar demasiado sea un problema, amor – replicaba el señor.

– Vamos… amor, di que si… ¿Sí? – rogaba la madre, poniéndose un poco  más cariñosa.

El señor se toma un corto tiempo para pensar y recuerda que tienen la casa de playa un poco descuidada, y esa es una buena excusa para regresar. Además su esposa, como casi siempre, tenía razón: estudiar en demasía causa estrés. Es decir todo en demasía lo causa. Así que responde – Está bien, iremos de vacaciones a la casa de playa. Saldremos esta noche después de que venga Esperanza del colegio. ¿Qué te parece?.

– ¡¡Genial…!!! Así tendremos sábado y domingo para pasarla bien… En familia – la madre sabia que este viaje haría muy bien a Esperanza. En agradecimiento baja y le da un beso en los labios a su amado esposo.

[…]

Mientras arriba en el baño Esperanza ya había terminado de vestirse con su uniforme del colegio, más al mirarse al espejo no pudo evitar mirar su cuello y entristecerse, por aquel collar que perdió hace dos años en el convento. Es cuando escucha a su madre gritar: ¡¡Genial…!!!. Baja presurosa las escalares – ¿Sucede algo mami?

– Si, hijita, esta noche partimos a la casa de playa por dos días – responde la madre llena de una flamante alegría.

– Mira nada más… que bellísima estas, hija querida – decía su padre mientras la miraba de pies a cabeza.

– ¿Te gusta? – le preguntaba a su padre, mostrando su uniforme de colegio – Es un modelo nuevo, del diseñador “Director del Colegio” – responde en forma sarcástica, mientras todos ríen.

Cada día era igual, la misma escena, todos riendo y brindándose amor incondicional, una real y verdadera familia feliz.

[…]

Al terminar de desayunar, el padre se va a la oficina y su esposa se encarga de dejar a la pequeña en el colegio; es cuando la señora enciende la radio como siempre, y en ella se escucha: “… Si, hoy es el segundo aniversario de la horrible matanza que se dio en el Convento San …” – la señora apaga la radio casi de inmediato.

– ¿Por qué la apagas, mamá? – pregunta la niña.

– Es que no quiero que esa clase de… de noticias… llenen tu cabecita mi pequeña – responde la madre un poco nerviosa.

– Pero, recuerda que yo vivía allí y aun no encuentran al asesino.

– Ya ves… allí está otra vez, esa cabecita tuya maquinando cosas tan horribles como esas.

– ¡Hay…! Mamá, es que encuentro inexplicable que no recuerde como llegué hasta su casa hace 2 años, y al día siguiente encontraron todos los cuerpos mutilad… – el carro frena de golpe y la madre grita furiosa – ¡¡ESPERANZA…!! ¡¡YA BASTA!! – mira los ojos de su hija y la nota temerosa, así que decide calmarse. – No quiero oír nada más acerca de lo que paso hace dos años ¿Está bien?.

La pequeña se encuentra desconcertada por la reacción de su madre, y solo atina a asentir. La madre más tranquila empieza a tratar de razonar y disculparse con Esperanza, ya que era imposible enojarse con ella –  Mira, cielo, no quería gritarte pero… estas cosas me ponen de malas y…

– Mamá – interrumpe Esperanza-, allí está otra vez ese mendigo que siempre me mira raro – ella señala a un vagabundo que siempre perseguirla perseguirla.

– ¿Quién? Déjalo hija, la mayoría de esos vagabundos están todos locos – eso es lo que pensaba en verdad, pero por si acaso encendió el auto y siguieron su camino.

Pero Esperanza no solo le parecía extraño aquel vagabundo, si no que un sentimiento de ternura y paz, afloraba en ella cada vez que veía a este anciano vagabundo.

[…]

Al parecer toda rencilla dentro del carro se disipo después del típico beso de despedida en la mejilla entre madre e hija. Dentro del colegio todo se desenvolvía con normalidad, como siempre a Esperanza le fue bien en todas sus clases, las mejores notas siempre eran para ella. La sorpresa del día llego cuando el director anuncio que por las festividades nacionales, las clases terminaron antes así que la pequeña decidió tomar el bus para poder llegar más rápido a casa, y así darle una sorpresa a su madre.

Mas al esperar el bus, ella se percata que el mismo vagabundo que siempre la mira de manera diferente se acerca a ella. La pequeña decide retirarte, pero el vagabundo con gran velocidad corre y la coge del brazo y de la boca fuertemente, apretándola contra él – Si gritas, te mueres aquí mismo – le decía con una voz bastante gruesa y fuerte – Vendrás conmigo. Quieras o no. – Esperanza llena de pánico y pavor no podía hacer nada, aquel sujeto se aferraba tan fuerte contra la pequeña, que queda inconsciente entre los brazos de aquel anciano vagabundo.

[…]

Las horas pasaban y el padre de Esperanza estaba preocupado pues su amada hija no llegaba, en eso llega la madre temerosa y llorando.

– ¿Qué pasó, amor? – pregunta preocupado el padre.

Y la señora rompe en llanto y responde – Dice el director… que… que todos los niños… salieron temprano… por las festividades… – empieza a desesperarse y grita – ¡¡¡¿¿Donde está nuestra hija??!!!

[…]

Esperanza despierta en un oscuro lugar. Se encontraba muerta de miedo, sentada en una avenida que a ella se le hacia desconocida, un lugar sucio y maloliente; donde no había nadie por las calles, nadie excepto un vagabundo que la miraba a la distancia, miraba que aquella pequeña se encontraba abandonada y desolada.

Trata de limpiarse un poco pues sus ropas estaban manchadas de polvo y barro. De repente y sin previo aviso, aparece aquel vagabundo ante Esperanza, y se arrodilla frente a ella – !Vaya…! Sí que te has puesto hermosa, Esperanza – Dice el vagabundo con una voz fuerte y desconocida por Esperanza.

Pero el vagabundo se le hacia un tanto familiar, demasiado familiar como un conocido que había olvidado en el tiempo.

– ¿De… dónde me… conoce? – Pregunta Esperanza muy tímida y con voz entrecortada.

– Aquí las preguntas las hago yo, pequeña –replica el vagabundo. – ¿Me has extrañado? Esperanza.

– No… No lo… conozco – responde Esperanza. – Por favor… no me haga nada… señor… – ruega llorando Esperanza.

 – ¡Jajajaja! Mi pequeña, sigues tan inocente como siempre – es cuando el vagabundo esboza una leve sonrisa y continua. – Esta noche… te quitaré esta dulce inocencia, para siempre.

[…]

Horas después, se escucha en la casa de la familia de Esperanza: “¡¡¡¿¿Donde está nuestra hija??!!!”.

De pronto se abre la puerta de golpe – Aquí estoy… Madre– respondía una temerosa y exhausta Esperanza.

[…]

Para mayor información sobre este nuevo proyecto: [Sin SentyDo. presenta… Diarios de un Vagabundo]

Próximo… Capítulo 9: [Amor de Verano]

– Capitulo 6.3: [Esperanza – Recuerdos]

Anterior… Capítulo 7: [Matanza] (Se publicará al finalizar el capitulo 10)

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2 comentarios en “8. ESPERANZA: INOCENCIA

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