6.3 ESPERANZA: RECUERDOS

[Titulo de la Imagen: Riddles Autor: Beatriz Martin Vidal]

– ¿Qué es lo que ves, Esperanza? – preguntó la señorita psicóloga.

La pequeña Esperanza parecía sufrir, pero logro decir claramente: Veo sangre… – en ese instante la expresión de la pequeña cambió, y sus respuestas fueron más rápidas y conizas.

– ¿Sangre? ¿De quién? – volvió a preguntar la psicóloga.

– De una joven y también la de un señor.

– ¿Esa joven es tu madre?

– Eso creo, siempre esta cerca de mi.

– Y… ¿Ese señor es tu padre?

– Él… él es un padre.

– ¿La sangre es de ambos?

– Si.

– ¿Dónde se encuentran?

– En un altar.

– ¿Cómo están?

– Uno sobre el otro.

– No, me refiero si… ¿Están muertos?

– Si.

– ¿Quién los asesinó?

Con un tono de niña traviesa respondió – No puedo decirte eso. – y esbozó una sonrisa picara.

– Mmm … ¿Con que fueron asesinados?

– Con un cuchillo…

– ¿Cómo sabes eso?

– Porque puedo el cuchillo.

– ¿Dónde está el cuchillo?

– En mis manos. – la psicóloga sentía temor de qué las respuestas serían más oscuras de lo que esperaba, mas… era su trabajo y tenía que continuar

 – Tu abuelo… ¿está presente…?

– No… por ahora.

– ¿Quieres decir que el sabia del asesinato?

– Si.

– Dime… ¿Dónde esta ahora?

– Acaba de llegar.

– ¿Qué es lo que hace?

– Me mira y, según él, no puede creer lo que esta viendo.

– Sigue… – la señorita sabia que estaba llegando al punto decisivo de la historia narrada por la pequeña.

– Se acerca a mi, me abraza y me pregunta algo.

– ¿Qué te pregunta?

– Sobre lo que había pasado.

– ¿Que le respondes? – Esperanza se queda callada. – Esperanza… ¿Qué le respondes a tu abuelo? – La pequeña Esperanza rompe en llanto. – ¡¡¡Esperanza…!!! Respóndeme ¿Qué le dices?

Esperanza cambia de gestos, por unos mas calmados pero las lágrimas siguen brotando. – ¡¡Esperanza!!! ¡¡¡Respóndeme!!!

La niña llora de forma descontrolada, de repente las puertas del cuarto se abren de par en par, entra la Madre Superiora y pega un grito en el cielo: “¡¡¡Despierte a la pequeña!!! ¡¡¡Ahora… mismo!!! ¿No ve que esta sufriendo?”

La psicóloga enojada replica. – Es mi trabajo y estoy muy cerca de saber la verdad.

Por favor lárguese de este convento. Madres llévenla a la salida – ordenó la Madre Superiora. Así lo hicieron, la psicóloga salió molesta, y va en busca del mayor de la policía, para contarle todo lo que había investigado.

La niña llorando con los ojos cerrados se encontraba sufriendo demasiado, la Madre Superiora la abraza fuertemente y le da un tierno beso en la cabeza. Esperanza abre los ojos, pero estos se encuentran en blanco, y empieza a convulsionar. La Madre llorando y asustada pregunta. – ¿Qué te hicieron mi niña? ¿Qué es lo que te han hecho?

La psicóloga llega por fin a la comisaria, solo la separaba una simple acera, pero esta muy ocupada pensando en lo que había descubierto que no se fija en los lados; pero mientras mira al frente parece ver a la pequeña Esperanza vestida con ropas de una monja. Pasa furiosa a zancadas, pero lamentablemente un carro pasa velozmente y la eleva por los aires, y la señorita psicóloga termina muerta frente a la comisaria. El auto que la atropelló se fuga y deja el cuerpo de la psicóloga completamente ensangrentada. Mientras una niña miraba todo desde la acera, una niña con ropas idénticas a las de una monja, una niña sin rostro.

Cuando la psicóloga dejo de respirar, Esperanza dejo de convulsionar, y por fin reacciona. La pequeña mira a la Madre Superiora, llora y la abraza. – ¿Qué me pasó? – Pregunta.

– Nada mi niña, no ha pasado nada. – Responde la Madre besándola en la frente.

[…]

La policía dejó a Esperanza en paz, por petición de la Madre Superiora, y simplemente la catalogaron como una niña que llegó al convento sin padres ni ningún familiar conocido hasta la fecha, como todos los demás niños que allí vivían. La pequeña de cinco años, ya cumplidos, cada tarde solía sentarse en las escaleras en frente del convento, en espera de que su abuelo llegara a recogerla; mas él nunca apareció.

[…]

Los años pasaban y lo único que tenia Esperanza para recordar a su abuelo era su preciosa cadena dorada, su cadena de oro en forma de corazón, aquel que fuera el último “regalo” de su abuelo; ese objeto dorado siempre le parecía decir: Nunca olvides de dónde vienes.

La pequeña crecía y su hermosura e inteligencia con ella. Las niñas del convento la odiaban porque atraía siempre la mirada de todos de los niños y también de los adultos, de todo el mundo. La pequeña Esperanza no tenía una sola amiga, solo las monjas que conversaban con ella.

A la edad de 10 años, ya había acabado de leer la biblia y estudiarla completamente, en las clases que brindaba el convento era la número uno. Siempre se encontraba en la pequeña biblioteca que se hallaba en los interiores del convento, tenia un sensación por querer aprender más, tenía un hambre de conocimiento enorme. Poco a poco los niños que conocía se iban, eran adoptados, y ahora ella era la mayor de todos los niños que habitaban en el convento.

Cada vez que venían adultos a ver que niños podían adoptar, la Madre Superiora le mandaba a algún lugar que le haga unos mandados o le pedía estudiaran juntas temas especiales. Todo lo hacia con un solo propósito, para que los adultos que llegasen al convento no la vieran y ella no pueda ser adoptada. La Madre Superiora sentía que Esperanza era diferente a otros niños, diferente en un sentido especial, era muy inteligente, demasiado para su edad diría yo, su belleza se igualaba al de los ángeles. Eran tan tierna, dulce y sincera. Así que siempre que podía influenciaba en la pequeña para que cuando sea mayor realice los votos respectivos par ser monja y ocupar el puesto de Madre Superiora en su lugar.

[…]

Uno de esos días comunes y corrientes, una pareja llegó sin avisar al convento, porque querían adoptar a una niña, ya habían sacado cita hace tres días, pero por casualidades de la vida no pudieron llegar ese día a la cita; así que llegaron tres días después.

Tocaron el portón como diez minutos, es que todas las madres, inclusive la Madre Superiora, habían salido a un recital, así que una de las pequeñas se acerco al portón y procedió a abrir el portón. En el instante que la pequeña apareció por detrás del portón, los señores se quedaron prendados de la niña.

– ¿Se les ofrece algo? ¿Buscan a la Madre Superiora? – preguntó la niña.

– Si… queremos verla y hablar con ella. Por cierto… pequeña ¿Cómo te llamas?

– ¿Yo? Soy Esperanza, señor, para servirles.

[…]

Para mayor información sobre este nuevo proyecto: [Sin SentyDo. presenta… Diarios de un Vagabundo]

Próximo… Capítulo 7: [Matanza] (Se publicará al finalizar el capitulo 10)

– Capitulo 8: [Esperanza – Inocencia]

Anterior… Capítulo 6.2: [Trance]

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2 comentarios en “6.3 ESPERANZA: RECUERDOS

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