6.1 ESPERANZA: CONVENTO

[Titulo de la Imagen: Nun Autor: Beatriz Marton Vidal]

Los pobladores se encontraban sorprendidos, una muchedumbre se encontraba enfrente del río pues el anciano mendigo había muerto. Aquel anciano que se había ganado el afecto de todo el pueblo; aquel anciano que siempre, o casi siempre, se encontraba durmiendo en una esquina sobre una acera pidiendo limosna para que pueda sobrevivir. Ese anciano que había demostrado como un ser humado puede superarse y salir de lo más hondo que una persona puede caer, aquel anciano estaba muerto manchando de sangre las aguas cristalinas del río.

Se encontraba muerto boca abajo flotando a orillas del río que atravesaba su casucha; inmediatamente la policía fue a la casa del anciano, ellos no creían que habría sido un simple suicidio sino un asesinato, porque encontraron moretones y signos de haber sido fuertemente golpeado y torturado. Al finalizar las investigaciones se dedujo que murió por un ataque al corazón, pero su atacante se ensaño con el anciano pues siguió golpeándolo hasta después de muerto.

La policía llego de noche, ninguno de los oficiales pudo creer lo que allí encontraron. Una hermosa niña, de no menos de cinco años, cubierta de sangre. La policía de inmediato culpó al anciano de maltrato y abuso infantil. Desde ese día el nombre del anciano es repudiado por todo el pueblo, la memoria de gentil anciano se desvaneció para dar paso a la de un viejo sucio, abusivo y degenerado.

[…]

¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

[…]

¡¡¡Dejelaaaaaaaaaaaaaaa!!! ¡¡¡Nooooooooooooooooooooooooo!!!

[…]

Imágenes y más imágenes de una pelea entre un hombre y una mujer se mostraban ante la pequeña Esperanza, pero ella no podía reconocer sus rostros. Esperanza despertó llorando. Se sentó en su cama. Miró las paredes y se limpió las lágrimas, solo había sido un mal sueño. Pero… ¿Qué lugar era ese? ¿Dónde estaba su abuelo? ¿Dónde estaba Esperanza?

La pequeña miró la parte superior de su cabecera y observo un crucifijo. En ese instante se le vino una imagen a la cabeza, un cuchillo lleno de sangre y una pareja de muerta. Pero había algo que le impedía recordar más cosas.

– Muy buenos… días. – saludo una anciana mientras ingresaba a la habitación de la pequeña.

– ¿Quién…? ¿Quién… es usted? – preguntó Esperanza, limpiándose las lágrimas con el dorso de sus manos.

– Soy la Madre Superiora, estoy encargada de dirigir todo este convento que también funge como orfanato, y… tu… eres… – dijo la madre superiora esperando saber el nombre de la pequeña.

– Soy Esperanza. – respondió identificándose la pequeña.

– Esperanza… ¿que? – preguntó la madre, esperando conocer los apellidos de Esperanza.

– Esperanza, solo… Esperanza – la pequeña respondió, un poco preocupada y temerosa.

– Solo “Esperanza” – dijo la madre superiora sorprendida –. Quiero decir: ¿No tienes apellidos…? ¿No tienes padres? … ¿No tienes algún familiar cercano?.

Esperanza, recordó a su abuelo… y rompió en llanto, la pequeña lo extrañaba mucho, se encontraba en un lugar completamente desconocido y tenia miedo.

– ¡¿Dónde está mi abuelito?! ¡Abuelito…….!!!!!! – gritó la pequeña con toas las fuerzas que tenia.

La madre se acerca a la niña tratando de calmarla –. Tranquila mi niña… tranquila… – La pequeña Esperanza abrazó a la madre, y susurró –. …solo quiero ver a mi abuelito… a nadie más.

[…]

Poco después, la pequeña durmió en los brazos de la madre superiora. Fue entonces que ella la dejó reposar. Salió de la habitación y afuera de la habitación se encontraba el Mayor de la Policía.

– ¿Le dijo quien era? – preguntó el policía.

– Sí, se llama Esperanza. Y por lo visto no tiene padres. – la madre se tocó el pecho, sentía mucha pena por la pequeña huérfana.

– ¿Ella le dijo que no tiene padres? – el mayor no era de las personas que creían lo primero que le decían.

– Bueno… no… pero no tiene apellidos, y solo dejo entender que tiene un abuelo. – la madre tenia un fuerte presentimiento, que la pequeña había sido abandonada.

– Vaya… este mundo está cada vez más loco, una niña sin apellidos. – se cogió el mentón tocando la filuda barba que le empezaba a crecer -. Ahora tendremos que averiguar cómo llego hasta esa casucha.

– Mayor, me temo que peor que no tener apellidos, es no tener padres. – la madre se había encariñado con la pequeña en el corto tiempo que la tubo entre sus brazos, pareció hacer oídos sordos a lo siguiente que dijo el mayor, sobre que tenían que averiguar más.

El mayor pareció darse cuenta que la madre tenia un fuerte aprecio por la pequeña. – Discúlpeme… madre, tantos años en la fuerza policial me han quitado algunos modales. Bueno… me temo que debo retirarme.

– Está bien, encargaré a una de las mojas que cuide bien a esta pequeña. – la madre tenia que hacer de todo para que Esperanza se sienta mejor.

– Antes de irme, quiero pedirle que por favor me avíseme cualquier cosa que la niña recuerde. – El policía era persistente, pero la vieja madre superior le daba un poco temor.

– ¿Recuerde? Quiere decir que la pequeña pudo haber perdido la memoria. – la madre parecía un poco confundida.

– Está muy claro para mí o por lo menos es una fuerte hipótesis sobre la perdida de memoria; hoy en día es imposible que una pequeña no tenga padres, sobre todo una tan linda como ella quizás sus padres sean millonarios y la estén buscando, porque parece ser de alta cuna. – dijo el mayor tratando de encontrar sentido al caso de la pequeña, y agregó lo siguiente con un tono sarcástico – . No creo que haya nacido del Espíritu Santo ¿Verdad?

La madre superiora se llenó de rabia. – Como pude ser tan insen… –

– ¡Disculpe Madre! Pero es mi trabajo sacar este tipo de hipótesis. – Puntualizo el Mayor – Además, debe reconocer, que esta pequeña puede sufrir de un cuadro de amnesia, ya que no recuerda sus apellidos, sus padres y ni muchos donde vive. Madre, no se olvidé cualquier cosa, por más insignificante que parezca, que la pequeña pueda recordar, solo hágamelo saber.

– Esta bien Mayor, así lo haré. – la madre superiora trató el asunto lo más calmada que podía, no quería discutir con ese hombre.

Pobre Esperanza, con tan solo cinco años, era muy inteligente para su edad y sin nadie que cuidara de ella; para colmo de males su querido abuelito, ya no se encontraba junto a su nietecita.

[…]

Al día siguiente cuando Esperanza se encontraba en su habitación escucha el tocar la puerta, a fuera se encontraban tres damas, dos monjas y una psicóloga. El objetivo de la psicóloga era hacer recordar todo, absolutamente todo a la pequeña Esperanza.

[…]

Para mayor información sobre este nuevo proyecto: [Sin SentyDo. presenta… Diarios de un Vagabundo]

Próximo… Capítulo 6.2: [Trance]

Anterior… Capítulo 5: [Esperanza: El Collar con forma de Corazón]

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2 comentarios en “6.1 ESPERANZA: CONVENTO

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