5. ESPERANZA: EL COLLAR CON FORMA DE CORAZÓN

[Titulo de la Imagen: The Murderer Autor: Beatriz Marton Vidal]

A lo lejos de una antigua iglesia se ve corriendo a un anciano con una niña en brazos, dejando un tibio rastro de sangre. Mientras corría, el anciano se atormentaba preguntándose: “¿Qué demonios a sucedido en la iglesia?”.

Las calles del pueblo parecían diferentes, pues ningún lugar parecía seguro para su pequeña nietecita, buscaba un lugar donde poder ocultarla, un lugar donde nadie pueda encontrarlos. Sin darse cuenta, el anciano y Esperanza terminaron en su antigua casucha, que se encontraba en lo más alto de una pequeña colina. El anciano entró a su antigua casucha, y se percató que todo estaba como lo había dejado años atrás. Limpió un lugar y dejó a Esperanza descansar, mientras la pequeña dormía el anciano se sentó en un rincón y agarrándose la cabeza lloró. Pero no lloró de miedo ni por temor, sino de impotencia, impotencia al no saber qué había sucedido en esa Iglesia. Y por qué justo cuando él se despega por primera vez de Esperanza, sucedió esto.

¿Por qué no estuve allí? ¿Por qué no pude protegerla? ¿Por qué le ocurrió esto? ¿Por qué a ella? ¿¡¡¡POR QUÉ!!!!!!!!!!!!!?

[…]

Después de mucho llorar y lamentarse, el anciano vistió nuevamente sus muy antiguos harapos y salió de la casucha, con una sola meta, buscar algunos centavos para poder dar de comer a su nieta. Antes que se alejara demasiado de su casucha, escucho unos pasitos que lo seguían, volteó la cabeza para percibir quien lo seguía, y era Esperanza con su vestidito lleno de sangre.

“¿A dónde te vas abuelito?” – le preguntó la pequeña niñita un tanto preocupada.

“Voy… a buscar… algo de dinero…” – respondió el anciano con un mucha vergüenza dentro de sí.

“Pero… ¿Por qué te vistes así?” – la niñita trataba de averiguar.

“No es por nada, mi pequeña Esperanza. Ve a la casita y espera a que regrese” – le responde el anciano para calmarla.

“Pero abuelito…” –  insistía la pequeña.

“Pero nada…!!! Ve y espérame en la casa, y no me contradigas…” – Y así la pequeña regresó a la casucha y espero.

El anciano llegó a su antigua vereda donde se sentó, metió la cabeza entre las piernas, respiró profundamente y estiró la mano, como ya era su costumbre. Sentado ante  el caluroso sol, entró en un sueño profundo y al soñar recordó, recapacitó y se juró que nunca le preguntaría a la pequeña qué es lo que habría sucedido en la antigua iglesia, pues pensó que si le hacia recordar, Esperanza ya no sería la misma.

La mayoría de las personas que pasaban por allí no hacían caso al harapiento anciano, pasaban doctores, abogados, universitarios y ninguno de ellos hacia caso al viejo vagabundo; hasta que pasó un tipo que parecía estrella de rock y drogadicto, vestido de negro y lleno de tatuajes, se paró enfrente del anciano, sacó un par de billetes y los colocó en su mano.

Las horas pasaban y la pequeña Esperanza, para no aburrirse, empezó a limpiar la casucha, con un poco más de cuatro años era muy inteligente, demasiado diría yo, para su edad. Buscó entre los cajones, cosas que ella podría botar y en esa búsqueda, en una cajón encontró un collar dorado con forma de corazón, que tenia escrito su nombre. Automáticamente pensó en que era un presente de su abuelito, por eso él quería que se quedará en casa, era un regalo por su cumpleaños número cinco. La pequeña, tan inocente no aguantó las ganas y se colocó el collar para sorprender a su abuelito a su llegada. La pequeña Esperanza no se dio cuenta, pero al instante en que el collar tocó la piel de la niña, brilló como si la pequeña le diera vida propia.

Las horas pasaban y la casucha cada vez se encontraba más limpia, gracias al afán de la pequeña. El anciano cansado de estar mendigando, contó todo el dinero que había recaudado y se percató que tenia lo suficiente para poder comprar algo de comida para la pequeña Esperanza. Mientras caminaba con la comida, prefirió ir por un pequeño río que pasaba por su casucha, de esa manera sorprendería a su nietecita. Más no pudo evitar en recordar lo ocurrido con Esperanza; parecía extraño pero en el exacto momento en que el anciano pensó en su nieta, ella apareció a orillas del rió y se encontraba arrodillada con su brazo extendido, como si tratará de alcanzar algo.

El anciano se percató que su amada nietecita se encontraba a punto de caer en el río, soltó las bolsas de comida y gritando fue en busca de Esperanza. Cuando el anciano con todas sus fuerzas gritó: “¡¡ESPERANZA!! ¡¡NO!!”. La niña cayó al río y se hundió de manera inmediata. El anciano se lanzó al sucio río, buscó y buscó, más no la encontró; cuando cansado y sin aire trató de salir… no podía, algo lo estaba agarrando miró en el fondo y vio a Esperanza que lo cogía de los pies evitando que saliera.

La niña se aferró a las piernas del anciano y con una fuerza descomunal, hundió a su abuelito en lo profundo del río, el anciano no sabia que demonios estaba pasando, como una niña de solo cuatro años tenia tanta fuerza, pero luego comprendió que esa niña no era su nieta, esa niña no era Esperanza.

¡¡¿¿Qué estaba pasando??!! – fue lo único que atino a pensar mientras se quedaba sin aire, sin fuerzas y sentía que la vida se extinguía en su interior.

El anciano en un último intento, volteó y agarró a la niña para que pueda verla a los ojos, más… esa pequeña… no tenia un rostro. Fue entonces que el anciano presa del miedo y del pánico, dejó de luchar y murió en los brazos de una pequeña que poseía una fuerza descomunal y no tenia un rostro; y que el anciano había confundido con su amada Esperanza. El viejo vagabundo murió sin esperanzas, lleno de temor y confusión, pero lo que más le dolió es que ya nunca mas volverá a ver a su hermosa y amada Esperanza.

[…]

Las horas pasaban y la pequeña Esperanza se durmió de tanto esperar a su querido abuelito. La policía llegó en ese momento a la casucha, y encontró a una pequeña y hermosa niña de no mas de 5 años, dormía pacíficamente pero sus ropas se encontraban cubiertas de sangre.

Los policias no podían creer el macabro hallazgo, qué hacia una niña cubierta de sangre e inconsciente en la casucha de un anciano vagabundo. La policía culpó al anciano de maltrato y abuso infantil; y desde ese día el nombre del anciano es repudiado por todo el pueblo.

[…]

Llegó un nuevo día, y la pequeña Esperanza despertó y no sabia donde se estaba, habían paredes de color crema, una cama vieja pero suave y un crucifijo en su cabecera.

[…]

Para mayor información sobre este nuevo proyecto: [Sin SentyDo. presenta… Diarios de un Vagabundo]

Próximo… Capítulo 6.1: [Convento]

Anterior… Capítulo 4.2: [Esperanza: Abuelo]

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2 comentarios en “5. ESPERANZA: EL COLLAR CON FORMA DE CORAZÓN

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