4.2 ESPERANZA: ABUELO

[Titulo de la Imagen: The Thinker Autor: Beatriz Marton Vidal]

El anciano corría sin parar con la hermosa Esperanza en brazos, visualizando que la pequeña le sería de gran ayuda cuando creciera. Hasta que por fin el anciano llegó a su pequeña casucha:

Mira… tenemos visita… – le dice a su perro, su fiel amigo.

El perro empezó a ladrar como si quisiera alejar a la pequeña de su territorio, de su hogar.

Vamos… no seas así… es una niña…. muy preciosa…. y seguro traerá mucha alegría a esta sucia casucha…

El perro ladrada cada vez más fuerte, como advirtiendo a su dueño de que ese pequeña niña traería desdicha a la casa. 

¡¡YA!!! ¡¡Vasta!!! ¡¡¡Si sigues así tendré que agarrar el palo!!! – amenzándolo con un fuerte carácter le dijo – ¡¡¡¿Eso quieres?!!!

Y como si el perro entendiera, se quedo callado pero aun así parecía refunfuñar entre sus colmillos, se dio media vuelta para poder ir a su esquina preferida a dormir y olvidarse que la pequeña estaba allí. Mas el anciano no le hacia caso, la llevó adentro de su casa, limpió un pequeño lugar y allí la puso mientras acomodaba otras cosas para hacerle un pequeño espacio a la pequeña. Después de un par de horas parecía que el animal se había calmado, el anciano miró a su mejor amigo y sonrió, luego miró a la niña y afirmo entre sus pensamientos:

Es tan hermosa. – y dejo escapar una leve, muy leve sonrisa de sus labios.

[…]

¡Hola viejo!- se escuchó a las afueras de la casucha, era la joven amiga del anciano, una mujer de 23 años que era fiel devota de la iglesia “Santo Domingo” – ¿Dónde estas “viejito”? Aquí te traigo algo de comida, para que no estés comiendo basu…

La joven se quedó estática por un momento, no podía creer lo que observaba, era un angelito, un lindo angelito en un horrible e inmundo cuchitril.

Que linda eres ¿Cómo te llamas? – la joven parecía hipnotizada – Eres… preciosa, como las estatuas de la iglesia de Santo Domingo, tan hermosa como los ángeles… –

Me alegra verte por aquí – dijo el anciano mientras notaba como la joven se comportaba de una manera tan extraña ante Esperanza – Es preciosa ¿Verdad? Se llama Esperanza –

 ¿Esperanza? – interrumpió la joven – Es un hermoso nombre… pero… ¿Cómo es que ella terminó aquí contigo, viejo?

El anciano no supo que contestar hasta que dio rienda suelta a su imaginación, como aquellos tiempos en los que solía escribir y era famoso, así que el anciano de pronto guardo silencio, agachó la cabeza, y respondió:

La encontré en una autopista… con una nota que decía que la madre ya no podía cuidarla y prefirió dejarla para que el destino se encargue de ella…

Y así el anciano como en sus mejores épocas construyó todo un mundo de historias y personajes; la joven creía cada una de las palabras del anciano. Ambos tomaron la decisión que la niña se quedara en la casa del anciano, y cada día la joven traería la leche para la niña y algo de comida para el anciano.Y así se hizo, cada día la joven traía comida para ambos; porque con tal de solo ver a Esperanza, la joven era feliz.

Cada día que pasaba el anciano y la joven, parecían acostumbrarse a Esperanza, o mejor dicho, Esperanza se adecuaba a ellos. El tiempo pasó y misteriosamente el perro, mejor amigo del anciano, desapareció un día cualquiera sin que nadie se percatara de su ausencia,  mas el anciano tenía el raro presentimiento que la desaparición de su mejor amigo, era algo extraña.

[…]

Pasaron los meses y la pequeña Esperanza cumplió un año, empezó a llamar a la joven Mamá y al anciano “Abu” (Diminutivo de Abuelito según la joven). El anciano pensó que Esperanza, se merecía más que una casucha y un abuelo mendigo, habló con la joven sobre el cambio que quería hacer en su vida, por su parte la joven le contó al padre de la iglesia todo sobre el anciano y Esperanza.

El padre con todo corazón brindó al anciano un trabajo, así que este al día siguiente se afeito, baño, se puso sus mejores galas y se traslado a la iglesia “Santo Domingo”, donde había conseguido trabajo como el encargado de la limpieza. Por el día trabajaba manteniendo limpia la iglesia, por la noche se dedicaba a escribir y a inventar nuevos mundos, historias y personajes. Parecía que tener a Esperanza a su lado le hacia imaginarse mundos enteros como antaño, era su musa, era su “Angelito Protector”.

La joven nueva “Mamá” de Esperanza cada día llegaba a la iglesia, ya que no podía dejar de ver ni un solo día a su pequeña “hija”, dejo de lado su vida social y solo se dedicaba a trabajar para que nade le falte a Esperanza.

[…]

Pasó el tiempo y parecía que la iglesia mantenía el poder, casi hipnótico, de Esperanza encerrado y controlado. Ademas el anciano por fin pudo terminar de escribir su historia, mientras Esperanza ya empezaba a caminar y cada día aprendía algo nuevo.

A el anciano le costo encontrar el valor suficiente para ir a las editoriales, ya que temía que se burlaran de él y le reconocieran como vagabundo o aun peor que le reconocieran como aquel escritor que fracaso, malgastando su dinero en el vicio del alcohol y se perdió en el mundo, hasta caer en lo más bajo. Pasó un año más y por fin el anciano, pudo encontrar aquel valor, para ir y enfrentar sus miedos, fue gracias al padre y a la joven que ellos lo apoyaron siempre y confiaban en él. Desde ese momento, el anciano le confesó a la joven, que era como una hija para el y Esperanza era como su “nietecita”, en pocas palabras eran toda su familia.

Esperanza crecía y ya con 4 años era una niña muy especial, cada día era más inteligente y más hermosa, las estatuas de la iglesia parecían envidiar la belleza de la niña cuando solía pasear por la iglesia. El anciano se despidió de Esperanza y de la joven que cuidaba de ella como si fuera su madre; y se fue a una de las más grandes editoriales que podía recordar. Cuando presento su libro lo rechazaron, se presento ante otras seis editoriales, y no fue hasta la última que lo aceptaron.

El anciano regresó con mucha felicidad a la Iglesia, antes de abrir el portón, esperaba ver su hija como llamaba a la joven y a su hermosa “nietecita” Esperanza, que ya con cuatro años era todo un ángel, mas cuanto trató de abrir el portón no podía hacerlo, tocó y tocó mas nadie le abría. Se fue por la puerta trasera y de una patada abrió la antigua puerta de madera, corrió y grito: “¡¡¡Esperanza!!!” – gritó cientos de veces, pues temía que algo malo le había pasado y tenia un fuerte presentimiento que algo había ocurrido con su hermosa nieta.

Hasta que la encontró, allí estaba ella, allí estaba Esperanza, con un cuchillo ensangrentado en la mano y dos cadáveres al pie de la estatua de un Jesucristo crucificado. Esperanza, con ojos llenos de lagrimas volteó a ver al anciano y le dijo:

“Lo siento, Abuelito…”

[…]

El libro del anciano se publicó casi 3 meses después que fuera entregado a la editorial. Y el libro se vendió por completo, se convirtió en uno de los más grandes Best Sellers del habla hispana, todo el mundo preguntaba por el libro que lleva por titulo:

Al final del túnel, hay una pequeña, muy pequeña, luz de Esperanza.

Todos preguntaban por el autor de tan facinante libro, mas nadie volvió a saber de él.

[…]

Para mayor información sobre este nuevo proyecto: [Sin SentyDo. presenta… Diarios de un Vagabundo]

Próximo… Capítulo 5: [Esperanza: El collar con forma de corazón]

Anterior… Capítulo 4.1: [Esperanza: Vagabundo]

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2 comentarios en “4.2 ESPERANZA: ABUELO

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